Donde la vigilia nos niega, pero la noche nos devuelve.
En sueños te puedo tener. Allí no existen las fronteras que levantamos con palabras ásperas ni las murallas que alzaron las decisiones. En ese territorio secreto y nocturno, estamos juntos, y la vida se acomoda a lo que alguna vez quise que fuera y no me dejaste ser.
En sueños te abrazo sin reproches, como si el tiempo nunca hubiera herido, como si el destino no nos hubiera arrancado de raíz. En sueños los silencios no pesan, las distancias se deshacen, y la ternura se derrama sin medida, como el río que nunca conoció sequía.
Y en ese universo tejido de sombras, me atrevo a algo imposible, revivir nuestras memorias y transformarlas. Cambio lo que fue por lo que debió haber sido, acomodo cada instante con la delicadeza de quien borda una frágil tela. Allí nuestras palabras no se quiebran, los gestos no hieren, y la historia la reescribo como un libro sin tachaduras. En los sueños fabrico la realidad que la vida me negó, y en esa versión secreta somos tú y yo, completos.
Aunque sigues presente en mi vigilia, presente en los recuerdos, en los aromas, en las grietas de mi piel que aún guardan tu roce, la realidad nos separa como dos islas condenadas a mirarse desde lejos. Nos cruzamos en el aire, nos tocamos en la memoria, pero nunca en la carne del día.
En este universo, todo conspira para no dejarnos ir. Tus manos me buscan, mis ojos te encuentran, y no existe fuerza capaz de arrancarnos de esa eternidad.
Y cuando abro mis ojos, me queda el sabor de lo imposible, como el eco de una canción interrumpida. Pero, aún así, me aferro a esos sueños, porque allí, aunque sea por un instante robado, vuelves a ser mío y yo tuya.
Porque los sueños son la única patria donde seguimos existiendo juntos, intactos, como si nunca nos hubiéramos perdido.
Nel Duarte, Sept 09, 20205 Calgary