Mañana sería su cumpleaños, el segundo que celebramos sin él. Aunque el tiempo sigue su marcha implacable, hay días en los que la ausencia se siente como una sombra densa, como un eco lejano que, sin previo aviso, irrumpe en mi pecho. No puedo negar que el vacío de su presencia es un vacío real, palpable, como un espacio vacío que deja su ausencia en cada rincón de mi alma. Su risa cálida, juguetona, esa que solía llenar los silencios de nuestras vidas, ahora es solo un recuerdo que se deshace entre mis dedos, como el agua que se escapa de una copa rota. Solo me quedan las sonrisas que quedaron atrapadas en las fotos, fragmentos congelados de un tiempo que ya no existe, y la memoria, que a veces se me aparece nítida y vívida, como un paisaje que nunca se olvida, y otras veces se vuelve borrosa, confusa, como los contornos de un sueño que ya no puedo recordar con claridad.
Recuerdo su voz, y al recordarla, siento cómo me envuelve esa sensación de seguridad que solo él podía dar. Esa seguridad que solo un abrazo suyo podía transmitir. Los recuerdos de mi infancia surgen, a veces tan claros que siento su presencia a mi lado, casi como si pudiera hablarme, casi como si su mano todavía estuviera sobre mi hombro, dándome su apoyo incondicional. Otros recuerdos son más difusos, como si el tiempo hubiera ido difuminando los detalles, pero la esencia, esa, permanece intacta, como una melodía que nunca deja de sonar en el fondo de mi ser.
Desde la distancia de su ausencia, en la quietud de la noche, lo siento a mi lado cuando escribo. Es una presencia que no se ve, pero se siente. Puedo cerrar los ojos y, por un momento, el mundo se desvanece, y me encuentro en sus brazos, con el consuelo que solo él podía ofrecerme, esa paz que solo él sabía darme cuando el dolor me inundaba. Me invade un profundo sentimiento de contradicción, porque extrañarlo me resulta tan ajeno, tan extraño, como si fuera un dolor nuevo, un dolor que nunca imaginé que podría sentir tan intensamente. Es como si una parte de mí, aún no lograra comprender que él ya no está aquí, que ya no puedo llamarlo, que ya no puedo escuchar su voz, esa voz que siempre fue mi refugio, mi ancla.
En momentos como esos, mi mano, casi por instinto, busca el teléfono, como si el simple hecho de marcar su número pudiera devolverme la paz, devolverme a la certeza de que él está ahí, esperándome, como siempre lo hacía. Pero la realidad me golpea con su crudeza, y en ese instante, recuerdo que ya no está en este plano, y la tristeza me envuelve con una fuerza que me deja sin palabras.
Mañana es su cumpleaños, uno más de todos los que siguen desde que se fue, y aunque la vida continúa, hay algo en mí que se detiene en ese momento, como si el tiempo mismo suspendiera su curso, respetando su partida, pero también reconociendo la huella que dejó en cada uno de nosotros. Y aunque la tristeza me embarga, también hay algo de luz en este recuerdo, algo que me recuerda que, a pesar de su ausencia, su esencia sigue viva en mí, en mis pensamientos, en cada palabra escrita, en cada abrazo que imagino que me da desde el otro lado.
April 27, 2025 Calgary AB 05:20 am
Conoci a Efrain, tu padre, en un seminario maravilloso de desarrollo personal llamado AVANCE. El estuvo asistiendome en mi nivel II, y recuerdo su apoyo maravilloso y empatia. Un ser humano Grande, Generoso, Alegre. Quedo en mi corazón.
Hola Pilar! Gracias por recordarlo con tanto amor. Un abrazo
Hoy vuelvo a leer este hermoso sentir de mi hermanita y encuentro este mensaje que me recuerda la hermosa huella que dejo mi papi. Gracias por recordarlo así.
Gracias por leerlo desde ese lugar tan profundo.
Si estas palabras trajeron la huella del Nene de vuelta, entonces el amor sigue vivo. Él habita en la memoria, en lo que sentimos y en todo lo que aún nos une.Te amo